El campo de la demolición abarca todo aquello que haya sido construido. Esto genera un amplio abanico de tipos de demolición, pudiendo encontrarnos con las más conocidas como viviendas, colegios, hospitales, fábricas, etc., o con otras menos habituales como silos, depósitos, puentes, así como todo tipo de estructuras.

Cuando hablamos de demolición, mucha gente proyecta mentalmente la imagen de una gran máquina que lleva enganchada una bola enorme, la cual oscila e impacta sobre un edificio, derrumbándolo en el acto. Este método de demolición, además de no ser tan rápido como en los dibujos animados, está obsoleto a día de hoy, además de ser peligroso, puesto que la bola no es 100% controlable, existiendo el riesgo de que se enganche a la estructura que estás demoliendo y ésta arrastre bola y máquina.

A día de hoy, en una demolición, se procura realizar todo el trabajo posible con maquinaria, evitando el trabajo manual, pero no con bola. La mayor parte de las demoliciones mecánicas se realizan con máquinas retroexcavadoras, a las cuales se les acopla un implemento en función de las necesidades del derribo, pudiendo variar éstos entre cizallas para los distintos tipos de estructura, martillos hidráulicos o incluso cazos para la carga a camión de los residuos generados.

Hay que tener en cuenta que los derribos generan una cantidad importante de residuos de toda índole, aspecto a tener en cuenta ya que son una variable muy importante en el coste de la demolición.